Este año, el #DíaMundialDelMedioAmbiente 2026 se centra en el cambio climático: en las urgentes señales que nos envía la Tierra y en las señales que elegimos enviarle de regreso. El lema pide actuar #PorElClimaYA.
Tenemos una oportunidad para recordar que cuidar del planeta no siempre requiere grandes gestos; muchas veces, las soluciones que buscamos ya existen y pueden crecer y escalar rápidamente generando grandes cambios. Uno de esos gestos tiene mucho que ver con algo que hacemos todos los días: aprovechar mejor los alimentos y evitar que acaben en la basura.
Cuando desperdiciamos comida, no solo estamos tirando alimentos. También se desperdician los recursos que han sido necesarios para producirlos, transportarlos y cocinarlos. Por eso, reducir el desperdicio alimentario es una de las formas más sencillas de cuidar el medio ambiente y, al mismo tiempo, ahorrar recursos.
Durante los últimos meses hemos trabajado con más de cuarenta centros educativos, en el marco del proyecto FORWARD, en Euskadi y la Comunidad de Madrid, para conocer mejor qué ocurre en los comedores escolares y buscar soluciones colectivas para frenar el desperdicio.
La experiencia nos está demostrando que pequeños cambios pueden generar grandes resultados. Una vez finalizado el proyecto, hemos vuelto a hablar con algunos colegios que ya han puesto en marcha soluciones transformadoras. Nos cuentan qué está pasando.
Prevenir es la primera opción
Atendiendo a la jerarquía de prioridades cada centro ha desarrollado diferentes acciones. Prevenir es la primera opción; es por ello que desarrollamos talleres de sensibilización y compartimos materiales didácticos para que el profesorado pueda seguir desarrollando cada curso.
El CEIP Plácido Domingo (Madrid) ha realizado pesajes y mediciones del desperdicio durante todo el curso, informando al alumnado de la cantidad de comida que sobra e iniciarán un proyecto de sensibilización de centro para el próximo curso.
Maiztegi Herri Eskola (Iurreta – Bizkaia) también ha realizado una campaña de sensibilización entre el alumnado, a partir de los datos de la auditoría del proyecto FORWARD. Ha sido el alumnado quien ha diseñado los mensajes y carteles para instalar en el comedor y también han puesto en marcha otras acciones para gestionar el excedente de comida. Han trasladado el trabajo realizado al Foro Municipal de Agenda 2030, donde presentaron sus conclusiones y nuevas propuestas medioambientales para el municipio y solicitaron también un contenedor marrón para restos orgánicos para poder realizar una correcta separación de residuos alimentarios del comedor.
En el CEIP Rufino Blanco (Madrid) la auditoría del desperdicio en comedor mostraba que el excedente era muy poco, pero el análisis realizado durante este curso ha permitido detectar algunos alimentos con margen de mejora, especialmente las peras y el pan integral. Así que el equipo de cocina sigue buscando la forma de reducir aún más el excedente. Y para el próximo curso continuarán los talleres de sensibilización y se prevé también una actividad dirigida a las familias.
La segunda aprovechar lo que sobra
En segundo lugar, debemos buscar la forma de que la comida que no se ha servido o cocinado, sirva para alimentar a las personas. Aquí encontramos dos experiencias en marcha.
Desde Kirikiño Ikastola (Bilbao) se ha puesto en marcha el proyecto piloto “SoberEkin”, que aprovecha las raciones cocinadas y no servidas envasando, etiquetando y conservando correctamente para que puedan ser recogidas por trabajadores y trabajadoras del propio centro al finalizar el día.
Desde que comenzó este pilotaje en diciembre, ya se han recuperado 436 raciones. Son 436 comidas que no han terminado en la basura. Durante el próximo año se mejorará el sistema de envasado y reparto para que este excedente pueda llegar las familias más desfavorecidas de la comunidad de la Ikastola; y también estudiarán como mejorar la correcta separación de residuos para el compostaje y continuarán con la sensibilización entre el alumnado.
Algo similar están haciendo en el IES Altza (Donostia), donde envasan y reparten el excedente de cada día a través del programa Rexcatering que han implementado en el centro y donde el alumnado participa en la gestión y reparto de tuppers. De esta manera, las familias del propio centro son las que aprovechan lo que, de otra forma, iría a la basura.
También hemos visto cómo la organización puede marcar una gran diferencia. En el Colegio Virgen de Europa (Boadilla del Monte – Madrid) han cambiado la forma de cocinar. Ya no se cocina toda la comida a primera hora de la mañana; ahora se prepara de forma escalonada, adaptándose mejor a cada turno del comedor. Esto permite ajustar mejor las cantidades y aprovechar los excedentes de un servicio para el siguiente. El resultado ha sido una reducción muy evidente del desperdicio y una gestión mucho más eficiente de la producción.
Gestos sencillos con gran impacto
Historias como estas nos recuerdan que la sostenibilidad se construye día a día. No se trata de hacer cambios imposibles, sino de observar, medir, aprender y mejorar poco a poco.
En este Día Mundial del Medio Ambiente queremos celebrar precisamente eso: las soluciones que funcionan, las personas que las hacen posibles y todos esos pequeños gestos que, sumados, tienen un gran impacto. Porque cuando aprovechamos mejor los alimentos, ganamos todos: las personas, los centros educativos y también el planeta.
Gracias a todos los coles que siguen comprometidos con el cuidado del planeta durante todo el curso. Esta es solo una pequeña muestra, pero seguro que hay muchas más iniciativas en marcha.
