Este pasado mes de mayo he tenido la oportunidad de verlo con mis propios ojos. He viajado a la provincia de Maputo, Mozambique, junto a Beatriz Llorente, responsable de proyectos de Mozambique desde España, y Raúl Cánovas, responsable de Enraíza Derechos en el país, quien nos ha guiado y acompañado como un “super anfitrión”.

El objetivo del viaje era implementar una “Actuación Semilla” financiada por la Universidad Politécnica de Madrid, en la que soy profesora, para promocionar el desarrollo de sistemas agroforestales. Gracias a esta iniciativa se quiere contribuir a mejorar la seguridad alimentaria y nutricional de las familias campesinas y a su adaptación al cambio climático, que en el caso de Maputo se traduce en hacer frente a fenómenos como inundaciones y sequías, principalmente. En resumen, contribuir a la construcción de resiliencia de los pequeños agricultores y agricultoras.

En este marco, hemos podido desarrollar un mapeo participativo del uso del suelo y de los recursos naturales e identificar la localización de las parcelas demostrativas donde se van a implementar estos sistemas agroforestales. Además de fomentar el aprendizaje entre los “camponeses y camponesas” de una manera práctica. Muy interesante, no?

Hasta aquí el resumen técnico, institucional y formal que refleja algunas de las actividades que hemos podido realizar en este viaje. Pero no sería completo sin la parte humana y personal, que en este ámbito de trabajo es igual de importante. Esta experiencia ha supuesto para mí una increíble cantidad de sensaciones, reflexiones, aprendizajes y vivencias.

Pisar terreno es algo fundamental para todos aquellos que trabajamos en cooperación. Tenemos el deber de conocer muy bien los contextos en los que trabajamos si queremos que nuestro trabajo de frutos.

No conocía Mozambique y apenas había tenido la oportunidad de viajar por un par de países del norte de África. Pero desde hace años tenía como asignatura pendiente conocer las realidades de otros países de África. Y siento que la larga espera ha merecido la pena.

Conocer el contexto mozambicano de la mano de Enraíza Derechos me ha parecido un lujo. Estar en primera fila conociendo el contexto, entender como desarrolla sus proyectos en la zona Enraíza Derechos y cómo trabaja mano a mano con las socias locales y con la población.

Cada día admiro más su forma de trabajar a la hora de elegir intervenciones innovadoras y enfoques participativos, poniendo el foco en mejorar los sistemas alimentarios desde y para las personas. La generosidad que tiene para compartir aprendizajes, información, contactos y sus experiencias se percibe como algo fácil y natural que no es lo habitual en muchos otros ámbitos profesionales.

Me llevo también los colores de los campos, de las capulanas, de los hermosos paisajes y las sonrisas de su gente, siempre presentes a pesar de las adversidades y complejidades que deben enfrentar en su día a día.

Y por último quería dedicar estas últimas líneas a las personas con las que he tenido la oportunidad de hablar, compartir o convivir durante mi estancia en Mozambique. Son ellas las que han marcado la diferencia realmente y me han hecho sentir como en casa, como si ya nos conociéramos. Ni siquiera el portugués ha sido una barrera para conectar con todas estas personas. Sentir tanta conexión y cercanía en un contexto, a priori, ajeno, ha sido una de las cosas más impactantes. ¡Gracias!

Julia Urquijo Reguera

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