Senegal atraviesa una situación económica especialmente delicada. El pasado 1 de septiembre, el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI) alcanzaron un acuerdo a nivel técnico para un nuevo programa de 36 meses por aproximadamente 2.200 millones de dólares.
Un país en transformación, en un contexto complejo
Senegal es un país complejo políticamente. Aunque mantiene una fuerte tradición democrática y una sociedad civil muy activa, se encuentra en una región marcada por la inestabilidad política del Sahel y afronta retos profundos relacionados con el empleo juvenil, las desigualdades territoriales, el cambio climático y la transformación de su economía.
El actual Gobierno llegó al poder en 2024 con un discurso de ruptura con determinadas prácticas del pasado, transparencia, mayor soberanía económica y revisión de la relación del país con sus recursos y con sus socios internacionales. Durante la campaña electoral, Bassirou Diomaye Faye y el movimiento liderado por Ousmane Sonko defendieron reformas profundas del modelo económico, que entran en tensión con la propuesta del FMI y con la salud financiera.
El acuerdo alcanzado con el FMI, no es aún un acuerdo definitivo, pero es una “solución” fruto de la crisis fiscal que apareció tras el cambio de Gobierno de 2024.
La deuda, en el centro del debate
La auditoría de la Cámara de Cuentas, confirmó que entre 2019 y 2023 se habían infravalorado significativamente tanto los déficits públicos como el volumen real de la deuda. El FMI señaló posteriormente que la deuda del Gobierno central para finales de 2023 tuvo que revisarse del 74,4 % al 99,7 % del PIB, incluyendo pasivos que no habían sido previamente declarados. Incluso, algunas fuentes señalan, que la carga de la deuda de Senegal alcanzó a finales de 2024 el 132 %.
El programa que negocian Senegal y el FMI incluye optimizar la recaudación fiscal doméstica; racionalizar el gasto público mediante la elaboración y ejecución de un presupuesto que controle de forma minuciosa los gastos estatales, que puede afectar a los servicios públicos esenciales (aunque según el FMI no a corto plazo); control de empresas públicas; y garantías de financiación externa, es decir, que Senegal debe conseguir primero firmes garantías de financiación por parte de otros socios internacionales (Banco Mundial y Banco Africano de Desarrollo) antes de validar los giros del programa.
Una sociedad civil que reclama transparencia y justicia social
Desde el anuncio del acuerdo con el FMI ha habido reacciones de organizaciones y actores de la sociedad civil senegalesa, algunas bastante críticas. El eje común no es tanto un rechazo absoluto a negociar con el FMI, sino una exigencia de que sea un proceso transparente, de protección social, de justicia en el reparto del coste de la deuda y de participación ciudadana.
Nuestra socia en Senegal, la ONG 3D, tampoco respalda todas las condiciones del acuerdo, pero sí valora positivamente que se haya dado un encuentro y diálogo entre el FMI y las organizaciones sociales y sindicatos.
La deuda no es solo una cuestión técnica entre Gobierno, FMI y especialistas, sino un asunto político y ciudadano, porque su devolución condicionará durante años el gasto público y las políticas sociales, recayendo sus consecuencias directamente sobre la población. Este mismo argumento se recoge en el manifiesto “La deuda oculta no debe convertirse en la deuda del pueblo”, respaldado por 191 personalidades africanas e internacionales.
Cuantos más recursos se destinan al pago de la deuda, menos puede invertirse en sistemas energéticos, transformación agroindustrial e infraestructura social. Los cimientos materiales de la estabilidad macroeconómica a largo plazo.
Un territorio de grandes capacidades y enormes vulnerabilidades
En el trabajo de Enraíza Derechos, vemos muy de cerca esa combinación: más del 60 % de la población rural continúa dependiendo directamente de la agricultura y la pesca, con la exposición que eso supone a los efectos del cambio climático y la juventud de su población, con una media de edad de 19 años, con un gran potencial y fortaleza, que busca el desarrollo y las oportunidades, en todas las esferas.
Senegal es un lugar lleno de posibilidades y proyectos hermanados. Y no solo para nosotras, sino para la Cooperación Española. En marzo de 2026 España y Senegal firmaron el nuevo Marco de Asociación para el Desarrollo Sostenible 2026-2030, plenamente alineado con la Visión Senegal 2050. El acuerdo consolida una relación bilateral de largo recorrido y ofrece un marco especialmente favorable para seguir trabajando conjuntamente en desarrollo sostenible. Este marco de actuación no es solo una declaración institucional. Ayuda a dar coherencia y continuidad a un trabajo que necesita precisamente eso: tiempo, conocimiento del territorio y alianzas estables.
Porque transformar los sistemas alimentarios, fortalecer la autonomía económica de las mujeres o acompañar una transición agroecológica no ocurre en un año, ni en cinco. Y nuestro propio modelo de trabajo lo aplica en nuestro aniversario de 10 años en el país: creemos en procesos, no en soluciones rápidas; trabajamos con organizaciones locales porque conocen el territorio, sus dinámicas sociales y aquello que funciona —y lo que no—.
Foto de Amaury Michaux
